(Fuente: "Empresarios del Henares"
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La coexistencia de las Cámaras de Comercio y las organizaciones empresariales genera periódicas controversias y debates que no son sino el lógico fruto de la ilógica situación existente.
Las asociaciones empresariales son entidades privadas de afiliación voluntaria que se sostienen, como buenamente pueden, con las cuotas de sus miembros y mediante la prestación de servicios. La ley les atribuye la legítima representación de las empresas españolas, y así la ejercen mediante la negociación colectiva y el diálogo social, como ejemplos más claros.
Por su parte, las Cámaras son entidades de derecho público y afiliación obligatoria a las que todas las empresas pagan una cuota, además del correspondiente precio de muchos de los servicios que presta. Están sujetas al control político de la Administración. El grado de participación en los procesos electorales que eligen a sus órganos de gobierno y representación suele ser ínfimo. No negocian convenios ni participan con poder de decisión en los grandes debates económico-empresariales del país. Pero disponen de los medios económicos garantizados que representan las cuotas mensuales de todas las empresas de España, que pagan aunque no quieran.
Con este panorama, no es de extrañar que cada vez sean más frecuentes los movimientos de las patronales para intentar integrar su acción y la de las cámaras. En el caso de Madrid, cuya Cámara entrará en breve en un nuevo proceso electoral, la patronal CEIM promoverá una candidatura con el objetivo de que su presidente lo sea también de la institución cameral. Muy probablemente, esta confluencia se dará en la persona de Arturo Fernández, aunque el nombre es lo de menos. Lo importante es la filosofía que inspira el movimiento. La única forma de que la Cámara de Comercio de Madrid sea un instrumento al servicio de los empresarios es imbricar de tal forma su acción con la de la patronal que los movimientos que ambas realicen vayan perfectamente sincronizados. La vida económica y empresarial madrileña no está para personalismos ni para acciones que no cubran con precisión sus necesidades. Requiere garantías de que los recursos que aportan las empresas se usarán para lo que éstas quieren. Y esto sólo puede quedar garantizado si su dirección está en la máxima sintonía institucional posible con la de la patronal.
La vida económica y empresarial madrileña no está para personalismos
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