Chelo Fernández (Madrid).
- 8 Febrero 2010-
Arrancaba ayer
Antonio Domeq: Ovación con Vuelta y silencio.
Andy Cartagena: Oreja y Vuelta tras petición.
Diego Ventura: Oreja (fuerte petición de la segunda) y dos Orejas.
Abrió plaza Antonio Domeq quién, a pesar de poner la nota de elegancia y seriedad con su toreo ortodoxo y de corte clásico y andar muy correcto en la ejecución de las suertes, se fue de vacío.
En su primero destacó a lomos de Ruiseñor, en el tercio de banderillas, y se adornó sin excentricidades montando a Zumbido, caballo con el que remató el tercio y entró a matar; un pinchazo precedido por un cuarto de rejón hizo rodar al primero de su lote.
Con el cuarto de la tarde, más complicado que el anterior y con tintes de irregularidad en la embestida, el jerezano se empleó y tiró de oficio sacudiéndole así el despiste de encima y fijándolo a su montura. Nos ofreció el primer par de banderillas a dos manos, suave y correcto en ejecución, al que siguió un segundo de similar corte, únicos, por cierto, en toda la tarde. Remató el tercio en los medios toreando con el sombrero. Capote fue la montura elegida para colocar tres cortas al estribo y un cuarto de rejón que no cayó en sitio. El de San Pelayo, siempre con la cara arriba, complicó mucho la tarea del rejoneador obligándole a entrar por segunda vez a matar, y a sacar posteriormente la cruceta para descabellar a la primera. El público no supo ver las complicaciones, sobre todo en el último tercio, y premió el esfuerzo de Domeq con su silencio.
El segundo de la terna, Andy Cartagena, cortó un único apéndice a un segundo de la tarde parado y justo de fuerzas que engañó de salida. Lo paró montando a Bético y se enrroscó con el animal en un palmo de terreno tras colocar dos rejones de castigo. A lomos de Maravilla dio dos vueltas muy ajustadas en la cara del toro que remató con un palo al violín. Intentó torear a la grupa y en redondo pero, finalmente optó por el recurso del adorno ante la poca movilidad del animal. Bisbal es el nombre del caballo sobre el que puso tres cortas y remató la faena. A la hora de la verdad un bajonazo en toda regla le obligó a echar pie a tierra para descabellar de forma efectiva, aun así el palco concedió un trofeo.
Con el segundo de su lote, el de más peso de la corrida, la cosa empezó regular cuando de salida un auxiliador de su cuadrilla cortó el viaje del negro bragado impidiendo al alicantino parar al toro como Dios manda. Para compensar Andy ofreció, a lomos de Magno, un recital de toreo a la grupa en que el toro acompañó poco ganándose a pulso los pares al violín que el rejoneador colocó montando a Manili. De nuevo Bisbal fue el elegido para colocar las banderillas cortas, tres rosas en esta ocasión, y rematar faena; menos de medio rejón en un primer intento y un segundo más efectivo fueron, probablemente, la causa de que esta vez el palco desoyera la fuerte petición de oreja del público.
Y completaba cartel Diego Ventura quien se ganó a la afición abriendo la puerta grande tras realizar un toreo arriesgado pero más serio del que nos tenía acostumbrados a ver en anteriores temporadas.
Recibió a su primero, tercero de la tarde, montando a Maletilla con el que caracoleó en una espiral interminable para templar la embestida de Bailador. A lomos de Orobroy llegaron el toreo de costado y de riesgo. Con Distinto firmó momentos de emoción quebrando en los medios y en los medios se quedó hasta el último tercio en el que, sobre Califa, colocó medio rejón en todo lo alto. El toro tardó en caer y, a punto estaba el hispanoluso de descabellar cuando por fin rodó. Cortó una solitaria oreja aunque se escuchó fuerte petición de la segunda.
Cerró plaza con un ejemplar que salió despistado y sin ninguna fijeza al caballo, tras el primer rejón de castigo lo consintió y lo sobó para sacarle faena y buenos momentos de toreo a dos pistas, de costado, al hilo y en los medios, montando a Nazarí para dar paso a Morante, sobre él el caballero rubricó una faena muy de verdad, siempre de frente y pisando terrenos comprometidos. La única nota discordante los bocados del equino que, como es costumbre, enardecieron al público que pasó por alto momentos más importantes y de mayor trascendencia en toda la corrida. Fue rápido a la hora de matar y cortó las dos orejas que terminaron de abrir una puerta grande entornada durante toda la tarde.
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