por David Arcabú
Hoy se cumplen cincuenta años de la creación de quienes son, quizás, una de las parejas de comic más famosas de todos los tiempos. Me refiero a la pareja formada por los adalides de una pequeña aldea de irreductibles galos: Asterix y Obelix.
Toda una generación creció leyendo sus disparatadas batallas contra los ejércitos invasores de Roma. Sabiendo de la fórmula secreta que les revigoriza milagrosamente. Compartiendo su aversión hacia las canciones de Asuranceturix, el bardo de la aldea, quien, con sus cánticos desafinados permite conocer el clima, el estado de ánimo de los habitantes de la pequeña aldea gala. Crecimos admirando a Panoramix, por su magia. Y sintiendo ternura y reverencia por el bonachón de Obelix, cándido, optimista y siempre dispuesto, aunque con torpeza, a ayudar en cuanto se requiera.
La cordura la ponía Asterix. Pequeño, gruñón pero con una visión realista de las cosas, que le conduce a menudo a rozar el pesimismo.
Los que ya sumamos al menos cuatro décadas les conocemos bien.
Pero quizás no sean tan solo personajes de ficción que nos acompañaron en el paso de la niñez a la adolescencia. Quizás sean un reflejo más minucioso y fiable de la sociedad de lo que a primera vista pudiera parecernos.
¿Cuánto canto inoportuno y desafinado oímos a diario de nuestros Asuranceturix patrios, que en lugar de buscar las soluciones a nuestros problemas cotidianos solo se afanan por cantar, malamente por cierto, los errores y las batallitas de sus adversarios haciéndonos saber solo de defectos y de corruptelas pero sin aportar ni una solución verdadera?
¿Cuántas veces nos marean con sus tiras y aflojas; con sus leyes y propuestas de leyes de ahora sí, ahora no; con sus “en cuanto nosotros mandemos cambiaremos esta ley”…
Eso si hablamos de Educación, Aborto, Impuestos, Misiones en el Extranjero…asuntos de no poco peso y de suficiente entidad como para que al menos ellos, los que se supone que entienden algo de estas cosas, se pusiesen de acuerdo de una vez. Pero a todas luces no tienen ellos mismos ni idea de por dónde hay que tirar, por dónde se sale de ésta, por dónde se allana el camino. Situación que recuerda de modo alarmante la cita bíblica de cuando un ciego guía a otro ciego.
¡Qué bien nos vendría ahora la fórmula de Panoramix!
Fórmula que revitalice no solo esta maltrecha economía, sino la monótona retahila de la clase política, la desidia social y los grandemente decaídos valores.
Qué bien nos vendría ahora el optimismo de Obélix templado con una buena dosis de la cordura de Astérix.
Cuando uno se para a mirar el panorama nacional no se puede menos que exclamar el recurrente alarido de los dos galos: ¡Están locos estos romanos!
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