
En los últimos años se han tomado algunas medidas para que hacerse autónomo salga más barato. Así, existe lo que se conoce como ‘tarifa plana’ a la Seguridad Social, válida únicamente para los nuevos autónomos. Esta medida consiste en una reducción de la cuota a la Seguridad Social. Para los mayores de 30 años, esta rebaja dura 18 meses, mientras que para los menores de 30 años se extiende hasta los 30 meses. En ambos casos, durante los primeros seis meses se paga a la Seguridad Social una cuota fija próxima a los 50 euros.
Además de cotizaciones sociales, los autónomos pagan impuestos, como cualquier hijo de vecino, y lo hacen a través del IRPF y del IVA. Precisamente, una delegación de Hacienda es el primer lugar que debe visitar un individuo que quiera darse de alta como trabajador autónomo. Allí deberá realizar una declaración censal en la que se incluyan sus datos personales, la actividad y la ubicación de su negocio y los impuestos que tendrá que pagar.
Uno de ellos es el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), un tributo que grava las actividades empresariales o artísticas que se ejerzan. El alta es obligatoria pero lo normal es estar exento de este impuesto al inicio de tu actividad porque solo deben abonarlo aquellos negocios que facturen más de un millón de euros al año.