000 aa elmundofinanciero 05 La falta de liquidez de los autónomos es una constante que va vinculada tanto a las ventas como a la obtención de crédito, cada vez más difícil para los autónomos. Otro problema que se suma a estas nuevas dinámicas en el colectivo es la del acceso de personas que anteriormente trabajaban por cuenta ajena y han agotado sus prestaciones de desempleo: muchas de ellas han encontrado un refugio temporal en el alta como autónomo y muchos de éstos, nadando en la economia sumergida.

Un Editorial de un diario cordobés ponía recientemente el dedo en la llaga de una herida que sangra obscenamente frente a los poderes públicos y políticos, y que afecta al tejido empresarial más sensible de este país. La morosidad de ciertas grandes empresas que cotizan en bolsa y la propia Administración. Ni que decir tiene, que esta lacra galopante está afectando a una de las figuras más trascendentes en la recuperación económica y empresarial de España: el autónomo. De poco ha servido la Ley de Morosidad.

Esa es la sensación generalizada de las empresas y de los autónomos que han experimentado atónitos cómo ésta iniciativa legislativa venía preñada de una trampa: la falta de un reglamento que desarrolle un procedimiento sancionador en la normativa, que afecte tanto a las administraciones públicas como a las empresas privadas que incumplan sus periodos de pago máximo. Mientras tanto, agua de borrajas. España es un país que en demasiadas ocasiones legisla a medias y no por falta de buenos legisladores, sino por cierta estrategia política. Y en esas estamos y las cifras cantan. El 25% de los autónomos abandona su actividad empresarial como consecuencia de los impagos y problemas de morosidad acumulados.

La realidad no sólo es kafkiana, injusta y hasta antidemocrática, sino incompatible con una realidad de recuperación económica: autónomos, pequeños empresarios con negocios prósperos y viables, y con una capacitación aceptable e ingresos positivos se ven abocados a cerrar por problemas de tesorería originados por la morosidad impune y galopante de unos y de otros, que hace que la mayoría de los autónomos haya sufrido en sus sufridas carnes las consecuencias derivadas de la morosidad en el pago de sus facturas. Hablar de creación de empleo actualmente en España con la boca llena por parte de los responsables políticos, teniendo en cuenta la impune morosidad es una auténtica inmoralidad.

 

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