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Eva Levy

Presidenta de Honor de WomenCEO

Medidas para la igualdad entre hombres y mujeres, que implican desde políticas educativas a planes de empresa para luchar contra la brecha salarial, muy ligada en mi opinión con algo que reclama la Unaf al futuro Gobierno

En cada periodo electoral, la Unión de  Asociaciones Familiares (Unaf) -que suma 26 organizaciones de toda España- escribe su carta a los Reyes con aquellas peticiones que desearía ver cumplidas por los partidos políticos, sobre todo por el equipo que salga de las urnas. No se desaniman cuando los presupuestos de cada legislatura dejan en nada los asuntos familiares, incluso aceptan la buena voluntad de los dirigentes, pero el hecho es que tienen que volver a la carga cada cuatro años y casi con la misma lista de deseos.

He repasado los diez puntos de su última carta. Me han atraído dos de ellos, porque, además de incidir en la vida familiar, influyen en la productividad y creatividad imprescindibles para la economía en un tramo que coincide con esa etapa donde las personas pisan a fondo el acelerador de su carrera y de su proyecto de vida.

Uno de esos puntos es el de las medidas para la igualdad entre hombres y mujeres, que implican desde políticas educativas a planes de empresa para luchar contra la brecha salarial, muy ligada en mi opinión con algo que reclama la Unaf al futuro Gobierno y son campañas institucionales para sensibilizar a la sociedad en corresponsabilidad en el hogar -cuidado de niños y dependientes, y tareas domésticas-.

El segundo punto son las medidas para la conciliación, que ahonda en la igualdad. La conciliación es para todos, así que cuando se planteen reducciones de jornada o flexibilidad horaria hay que estudiar fórmulas en paralelo para evitar los habituales efectos perversos sobre la trayectoria de la mujer.

Insisten también en la siempre aplazada racionalización de horarios y en la garantía de acceso a la educación de 0 a 3 años con más plazas públicas.

De este punto me interesa la referencia a los permisos de maternidad y paternidad, que piden de mayor duración, iguales en tiempo para una y otro e intransferibles, es decir, la madre no sacrifica semanas, en su caso muy especiales, para que el padre pueda ganar más fechas junto al bebé.

El permiso de maternidad/paternidad es una conquista valiosa, aunque no exenta de contradicciones. Como me muevo habitualmente entre directivos, siempre he pensado que hay trabajos y circunstancias difícilmente compatibles con un parón a rajatabla durante 16 semanas -20, si se logra incrementar el permiso para las mujeres-, si bien es verdad que hablamos de un nivel que permite trabajar a distancia o disponer de ayuda doméstica. Pero entiendo que es un derecho que no debe ponerse en duda porque existe el riesgo de abusos si se juega con las condiciones de su disfrute.

Todavía los permisos están mejor asumidos socialmente -y mejor organizados por la empresa- en el caso de las mujeres que en el de los hombres -sólo lo solicita un 1 por ciento de los padres- y seguramente habría que ser más imaginativos en el caso masculino, de forma que ese tiempo –de momento dos semanas- pudiera utilizarse, por ejemplo, para esos momentos que habitualmente recaen sobre la madre -enfermedad del pequeño, visitas al médico, etc.- y mantienen los tópicos sobre la actividad femenina.

Me parecen muy interesantes los trabajos de la Plataforma para Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPIINA) en la que tan buen papel hace María Pazos, miembro de la misma e investigadora del Instituto de Estudios Fiscales. Sus ideas me han hecho replantearme reticencias que tenía sobre la ampliación del tiempo del que puede disponer el hombre, y que la Plataforma pide, desde 2012, que se extienda a 16 semanas.

Para María Pazos, todo lo que no demuestre de manera fehaciente que algo tan importante como el cuidado de la familia es responsabilidad de padre y madre perpetúa los prejuicios y la desigualdad. Y es cierto que sirve de poco defender la capacidad laboral y profesional de la mujer si sus empleadores -y ella misma- piensan que en cuanto tenga hijos todo serán problemas. Si hombres y mujeres disponen indistintamente de tiempo para sus hijos en los momentos más vulnerables, los actuales roles que propician tanta desigualdad se irán borrando, junto con sus consecuencias.

Ya tengo menos dudas sobre quién paga el permiso. Al parecer los números salen. Una incorporación mejor y más plena de la mujer al trabajo es rentable. Hoy terminan por abandonarlo el 16 por ciento de las mujeres con hijos, con la falsa idea de que podrán volver al mercado algún día. Otras se ven forzadas a tareas menos rentables económicamente. En un caso, perderán sus pensiones, en otros las tendrán muy bajas, lo que se traduce en subsidios que podrían ahorrarse las arcas públicas. Si las mujeres no tuvieran que elegir entre empleo y maternidad -señala María Pazos- podrían tener los hijos que desean y asegurar un mejor futuro de nuestra sociedad.

En noviembre de 2014, se rechazó en el Congreso la ampliación del permiso de paternidad de dos a cuatro semanas prevista desde 2007. Cada semana de permiso suponía un coste anual de 110 millones y su ampliación un sobrecoste de 220 millones. Sin embargo, una diputada de CiU hizo ver que sólo se habían gastado 180 millones de los 2.000 presupuestados en 2013 para bajas de paternidad y maternidad por culpa de la caída demográfica. En fin, ha sido necesario ahorrar, pero ¿a qué precio?

¿Qué pasará después de las elecciones? El Partido Popular quiere ampliar el permiso a cuatro semanas, pero no lo ve posible hasta 2017 y centra sus esfuerzos familiares en la legislación desarrollada este año, con muchas desgravaciones fiscales. PSOE aspira a ir equiparando los permisos de padres y madres, lo mismo que Podemos. Son también partidarios de ir acercando de dos a 16 semanas el permiso paterno en Izquierda Unida, mientras que UPyD desea el equilibrio familiar y querrían veinte semanas para la madre. En cuanto a Ciudadanos parece que no quiere futuribles y aboga por el permiso igual e intransferible desde el mismo momento en que lleguen al poder.

Los resultados, nunca mejor dicho, a la vuelta de la esquina.

 


Una mejor incorporación de la mujer al trabajo es rentable. El 16 por ciento de las mujeres con hijos abandonan el mercado, con la falsa idea de que volverán y otras se ven forzadas a tareas menos rentables económicamente

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