Eva-Levy---carnet 

Como si la realidad fuese monolítica esperando plácidamente a que un señor de estos, de la neolengua tecnocrática, venga a capturarla con un concepto forjado en algún oneroso taller de semántica aplicada.

Para no hablar del resto, lo de la familia monoparental me irrita cada vez que oigo esa palabra. ¿Pero a quién se le habrá podido ocurrir eso del "mono"? Difícilmente se podía imaginar un término más feo. Además, definir por la ausencia raramente es una actitud correcta. Una familia monoparental, si se aparta el adefesio de la palabra para ir a lo vivido en lo cotidiano, es una familia en la que la madre, ya que los padres en esa situación son mucho menos numerosos, trabaja mucho más, ama por dos, lucha por dos, se pregunta con angustia quien se va a quedar en casa con la criatura cuando está enferma, quien va ir por ella a la guardería o al colegio cuando al jefe se le ha ocurrido por fin, al momento de salir, una idea que podría ser interesante.

Y eso sin mencionar lo del salario único, también se podría decir «el monosalario» y de los subsecuentes fines de mes de pesadilla. Mejor que focalizarse sobre el ausente, sobre el que se marchó para siempre o jamás se manifestó, no sería conveniente poner el acento sobre ese denodado esfuerzo de todos los días para conseguir sola lo que ya es tan difícil realizar cuando somos dos? Hablemos pues de familia uniparental "uni", como único, en la plenitud del sentido, no sólo una persona, sino una persona excepcional. Claro que todas las familias son únicas y más ahora cuando la variedad de las mismas ha creado una situación nueva, cuyas consecuencias están aún por ver.

Digamos sencillamente que hay familias más únicas que otras.

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